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miércoles, 27 de febrero de 2013

Un paseo por la ciudad

     Sal a toda prisa. Son las 14:00 horas en Luanda. 34 grados. Aprieta el sol. Humedad altísima. Calor. Transpiración. Busca las llaves. ¿Las has cogido? Las tengo yo. Perfecto. Abre la puerta. Quema el volante. Deja abierta la puerta hasta que pueda tocarlo. Venga, acelera. Todavía no me acostumbro a este coche automático. ¿Has guardado los documentos? ¿Dónde? También está el pasaporte ¿no? Cuidado con ese agujero. Bloquea las puertas. Siempre se te olvida. Y no dejes los bolsos a la vista. Esta semana pasada asaltaron a una amiga. Por cierto anoche no había luz en la calle. Estaba todo oscuro. Parece que ya hay luz. Cuidado con aquel coche que está parado en el carril de la derecha. ¿Ha puesto el triángulo? Sí, a un metro del coche. Adelántalo. ¡Cuidado con la moto! Iba sin ninguna luz. Y sin casco. Otro agujero.

Hoy parece que no hay tráfico. Gira a la derecha. Vale, perfecto, una cola interminable. Sí, hay tráfico. Tengo hambre, ¿qué venden? Salgados, también tienen castañas de caju. Voy a comprar. ¡Moço! ¿Tienes bolsas de 500 kwanzas? Pero eso es de 200, ¿no?. No, cierra la ventanilla. No, no voy a comprar una bolsa de 200 por 500. Me la vendes por 200. A ver, una que esté bastante llena. Venga, toma. Aquí deben vender fundas para el IPAD. Hay de todo. Mira esos cuadros tan horteras con fotos de bebés. También documentos para facturas, básculas, zapatillas, mecheros, pilas, periódicos, espejos, móviles, radios, cargadores para el coche, esterillas del coche. Venden todo lo que puedas necesitar. Parece que ya vamos avanzando. ¿Qué hace ese coche? ¿Está parado ahora? Cuidado, le das con el espejo. Parece que ya pasamos. Otro agujero.

Y ahora ¿por qué paramos? Han cortado la calle. Vienen las motos de la policía, con 7 coches detrás con cristales tintados. Es el gobierno. Parece que tienen una visita al país. Sí sí, cortan la calle para que ellos pasen. Así es, y hay que esperar. Sigue por la izquierda. Cuidado en la rotonda que nadie respeta las preferencias. Intenta cambiarte de carril. Eso es poco a poco. Sigue por ese semáforo. Hay policía. Conduces tú que eres blanco. Seguramente nos pararán. ¿Ves? Te están mandando parar. Hay gente que huye, pero aquí es imposible. Si fuéramos en moto… No te seguirían. Solo quieren dinero. Bon día. ¿Por qué nos paran? Los papeles del coche. Aquí tiene. El carné de conducir. Tome. Claro que es español ¿no lo ve? ¿No puede conducir por ser español? Claro que sí. Tienes que enseñarle el triángulo. Lo tenemos todo. Sí. El chaleco amarillo también. Oiga, ¿qué más quiere? Está todo bien. Que va a llamar a su colega, ¿para qué? No necesita llamarlo, está todo en regla. La luz esa funciona perfectamente. No me importa que no tenga dinero para el almuerzo. Usted tiene su salario. Venga, arranca, que solo quiere “chatear”. No le vamos a dar nada de dinero, señor policía.

Pon el intermitente. Cuidado con el agujero. Sal poco a poco. Parece que hay menos tráfico ahora. Es en esta calle. Aparca donde puedas. Aquí vamos a tener que darle dinero a estos miudos. Bueno tendremos que aparcar. Coge todo lo que tengas y sal rápido del coche.

Hemos llegado.

Conducir en Luanda es algo así como un deporte. No lo llamaría de riesgo, porque no sientes peligro real. Pero debes estar atento a todo. Cualquier cosa es posible aunque tiene sus reglas que se van descifrando día a día. La ciudad está masificada y da la sensación que hay más coches de los que puede soportar sus calles. Miles de grandes vehículos, todoterreno, circulan por Luanda al día. Los numerosos agujeros en la calzada los hacen necesarios. El piso es irregular, y se precisa de grandes ruedas para ir tranquilo a cualquier lugar de la ciudad. El centro, la antigua Luanda, está masificado. La venta ambulante es una avalancha de personas caminando con la mercancía en sus manos que permite que cualquier necesidad material pueda ser solventada desde la ventanilla del coche. Es como comprar en Internet en la vida real. Todos los productos están ahí, al alcance de la mano. En algunos puntos de la ciudad, existe el riesgo de asalto, aunque la biodiversidad que se ve a través de la ventana del coche es tan extraordinaria que me hace pensar que prefiero ese ecosistema aunque conlleve peligros. Es la maravilla de la vida delante de un volante.

Las sonrisas de la multitud acompañan los viajes. Algunos niños mientras juegan, saludan a los conductores. Y el sol sigue apretando con fuerza.

Da gusto estar en un lugar donde a las personas les gusta estar rodeada de personas.

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