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miércoles, 13 de febrero de 2013

El búnker enterrado

Huambo es una ciuda construída, destrozada y reconstruida en menos de 100 años. Fue fundada en 1902 por Portugal, y bautizada el 24 de agosto de 1926 por Vicente Ferreira, gobernador portugués en la época, con el nombre de Nova Lisboa .La intención era la de ser la capital del país. Finalmente no consiguió la aceptación de la población para serlo. Algunas veces las instituciones no consiguen vencer a los movimientos demográficos.

El camino a Huambo discurría entre montañas de altitud media. La ciudad estaba situada a unos 1.600 metros de altura, algo que según Oliveira, guía del viaje, le otorgaba a la localidad una clima benigno y estable. Esa buena situación geográfica posibilitó su fundación a princípios del Siglo XX durante la construcción de un ferrocarril en la zona para facilitar el transporte del cobre desde las minas del Congo Belga hasta la ciudad de Lobito, en la costa, para exportarlo a las potencias colonizadoras. La ciudad se desarrolló rapidamente con la presencia de gran número de colonos portugueses que trabajaban en la consecución del ferrocarril. Su progreso económico hizo pensar a Portugal que sería la capital perfecta. Una ciudad nueva, controlada, sin demasiada delincuencia ni oposición del pueblo angolano como se podía encontrar en otros lugares como Luanda.

Edificio de Waku-Kungo derribado durante la Guerra Civil Angolana


Rápidamente los trabajadores ferroviarios se establecieron en Huambo y la ciudad creció hasta ser la más habitada del país hasta 1975. A partir de ese momento, la Guerra Civil que se precipitó en el país, y que fue altamente sangrienta y cruenta en la ciudad y sus alrededores, provocó que Huambo se estancara.
Ahora, dado el escaso movimento de sus calles, e influenciado por la locura de Luanda, era difícil imaginar que esa ciudad fue la más valiosa del país hace no demasiado.

Durante el paseo por la ciudad hablamos con varias personas de allí. El matrimonio con el que viajábamos conocía a algunos vecinos de la ciudad y tuvimos oportunidad de conversar con ellos. Uno de ellos, transportista de petróleo, nos comento que todo era totalmente reconstruido debido a la guerra. Y que había habido una buena cantidad de inversiones desde que acabó el conflicto para conseguir darle a Huambo una imagen de ciudad. Desde luego la tenía. Algo menos pasional que Luanda, pero mucho más ordenada y limpia.

Nos dirijimos a uno de los reclamos de la ciudad. El búnker del jefe militar y líder de UNITA, Savimbi. A grandes trazos, y siendo muy poco exigente con una lección de historia, se podría explicar que UNITA (União Nacional para a Independência Total de Angola) es la organización que primero lucho junto a MPLA, partido gobernante desde la independencia del país, por la descolonización, y después se enfrentó en una Guerra Civil (1975-2002) al propio MPLA por el control del país. Por lo tanto, estábamos ante el cuartel de seguridad de una de las personas más nombradas en Angola durante la segunda mitad del siglo XX. El líder del frente derrotado en la Guerra Civil más larga de la Historia de África. Sin duda, otra entrada debería hacer justicia a esta explicación tan austera.

La tranquilidad reinaba en la zona. Incrustado en un parque botánico a las afueras de Huambo, parecía complicado imaginar tambores de guerra en un lugar tan pacífico. Apenas una valla abierta con amabilidad por un guardia, daba paso a un conjunto de caminos entre árboles que parecían no dirigirse a ningún punto concreto. Parecía que la calma de había apoderado donde hubo tormenta.

Zona de Huambo en la que se encuentra el búnker usado por Savimbi 

Llegamos a una casa, bien dispuesta, ni demasiado grande ni pequeña y que parecía estar habitada. Dos guardias de seguridad nos contaron que era la antigua casa de Savimbi y que el búnker se encontraba justo al lado, pero que había sido tapado hace poco tiempo. El matrimonio lo corroboró, puesto que ellos mismos habían podido entrar en el búnker no hace demasiados años. Parecía haberse tratado de cubrir con tierra el pasado trágico de Angola.

Camino de vuelta a Luanda, mientras Lay dormía sobre mis piernas, observé uno de los tantos carteles que hay por el país con la cara del presidente de la República de Angola, José Eduardo Dos-Santos. “Crescer mais. Crescer juntos” reza en grandes letras junto a la cara impasible del que ha sido presidente del país desde 1979. Mirar al futuro es difícil cuando existe un pasado tan reciente marcado por una guerra. En España sabemos bien acerca de lo difícil que es curar las heridas de un conflicto entre ciudadanos del mismo país. De cómo se divide en dos un país. Si las personas somos incapaces de olvidar un desamor o una muerte durante nuestra vida, a pesar de enterrarlo con nuevas caras, cómo una sociedad va a tener la capacidad de olvidar en poco más de 10 años. Hay efectos insalvables. Hasta 70 años después de la Guerra Civil Española, dividimos a quienes nos rodean entre si son de izquierdas o de derechas. Esperaba que Angola no cayera en el mismo error que España. Porque para crecer juntos y más, tras una guerra, es necesario aceptar con solemnidad y honestidad lo que ocurrió en la batalla. No tratar de borrarlo.


El camino siempre tiene horizonte

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