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lunes, 4 de marzo de 2013

Maneras de creer en África


Queda bien, no se puede decir lo contrario. Es marketing, y muy bueno. “Millones de razones para creer en África”. ¿Quién va a decir que no? Por lo general no deseamos el mal a ninguna persona. Por ende, tampoco a un territorio. Y más a un pueblo, que por haber perdido tantos siglos, se acaba haciendo simpático para los que han sido ganadores. Vamos a confeccionar esta obra de teatro: primero aparecen fuerzas emergentes. Ya tenemos actores principales. Nigeria, Angola, Sudáfrica por citar ejemplos. Los mercados (ya no son unos desconocidos) se frotan las manos, pero siempre desde la sombra. Son los personajes secundarios que manejan los hilos de lo que ocurre. Las conferencias mundiales de economía comienzan a exaltar el crecimiento de África. Se publican reportajes con información sesgada sobre el desarrollo de presente y futuro en estos países, entrevistas a grandes economistas que ven en estas regiones la tabla de salvación para las empresas occidentales. La industria de la hipocresía ya funciona. Datos de crecimiento anual de los países con doble cifra, algo inaudito para el resto del mundo atraen a las grandes potencias. Edificios gigantescos, hectáreas y más hectáreas sobre las que construir. Los mismos que inflaron la burbuja en occidente, soplan en dirección a una nueva. La población poco puede clamar. Hay movimiento, trabajo, dinero rápido, inversiones, negocio, restaurantes caros, hoteles, nuevas posibilidades. Todo adjetivos positivos. ¿No les recuerda a algo? Para esta obra de teatro ya nos hicieron comprar la entrada.





Porque la lengua, el mensaje y la persuasión de los grandes medios de comunicación son tan importantes que son base de las políticas mundiales. No podemos ser tan ilusos de olvidarlo cuando nosotros, en España y Europa, hemos sufrido las consecuencias de lo que acontece cuando el crecimiento económico no se cimenta sobre un terreno sólido. Cuando hemos visto cómo los inversores prometen hasta que el crédito deja de fluir. Entonces olvidan el desarrollo de la población de la que parecieron estar tan cerca cuando había dinero. Por eso, debemos estar alerta ante los mensajes que recibimos. Tratar de discernir la ideología del negocio.

La formación de los ciudadanos debe ayudarnos a usar herramientas para conseguirlo. No es objetivo de quien escribe desmontar ni realizar un análisis profundo de las políticas político-económicas mundiales. Pero si quisiera alertar de la necesidad de leer, escuchar e informarse bien. Si es el momento de África, también es una oportunidad para clamar que no se produzca un expolio de sus recursos naturales enmascarado bajo la etiqueta de progreso para la ciudadanía. La “creación de empleo” no significa que se potencien los puestos de trabajo precarios. Las “enormes posibilidades del mercado africano” no es sinónimo de especulación salvaje.

Si de algo está sirviendo la crisis económica en Europa es para que la ciudadanía haya podido cerciorarse de que somos frecuentemente llevados al engaño. Los bancos jugaban con nuestro dinero sin saberlo en negocios de alto riesgo; el mercado inmobiliario movía una cantidad de dinero superior a lo que en realidad valía; las agencias de calificación de riesgos aseguraban una cosa que después resultaba ser otra. En África, pocos quieren escuchar esta visión del tema. El cebo es demasiado jugoso. Por fin, tras siglos de colonias, el dinero que se mueve en el territorio es gestionado por los gobiernos independientes. Es entendible. Pero quienes pedimos ideología por delante de inversión, también debemos clamar que ocurra lo mismo aquí. Que las grandes empresas mundiales trabajen en igualar salarios por el mismo trabajo en Angola y Francia, por ejemplo. Que las cuentas sean claras y los intermediarios no se lleven grandes comisiones. Que los derechos humanos estén por encima del dinero.




Porque no se puede decir sí sin tapujos al crecimiento económico. Porque detrás de los números debe haber un progreso real. Un mayor acceso a la educación, a la sanidad, a la vivienda digna. Todo es utópico hasta que se empieza a trabajar por ello. Es dantesco observar cómo las grandes multinacionales muerden los recursos económicos de los países africanos sin tratar de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Igualmente dantesco es que los gobiernos africanos abran la puerta de par en par a estas compañías y se llenen los bolsillos de comisiones desproporcionadas. No podemos mirar hacia otro lado. El lujo de quienes ahora tienen poder de decisión en los gobiernos de estos países no les puede tapar lo que les ocurre delante de ellos. Las revoluciones se llevaron a cabo con el objetivo de mejorar el nivel de vida de los que fueron oprimidos durante siglos. No para emular un sistema que sin reglas se ha demostrado a lo ancho del planeta que no incide en el progreso general.

Esta entrada es algo inusual dentro del estilo que deseo llevar en este blog. Mi objetivo es la descripción, los sentimientos, la vida. Pero, en primer lugar, tras vivir un mes y medio en Angola, no puedo evitar transmitir lo que veo, y segundo, tampoco debo dejar pasar la oportunidad de alertar que el mensaje del capitalismo salvaje, sin reglas, especulador, el de mucho dinero a pocos bolsillos, está viciado. Que aparenta una cosa para conseguir otra. Y es algo que se hace mucho más evidente y devastador en pueblos que durante siglos tuvieron tan poco. Pueblos donde hay una oportunidad de oro para que la generación del presente deje un mundo mucho mejor a la que viene. Si algún día tenemos o tienen la capacidad de decidir, no desaprovechen esa oportunidad. No miren a otro lado.

Por supuesto, invito al debate a través de los comentarios.

Finalmente, les dejo el anuncio de la firma Coca-Cola que me empujó a escribir este post. Lo que a mi juicio se trata de la realidad disfrazada y enmascarada en un mensaje optimista que trata de manipularnos hasta hacernos olvidar.



Los mensajes de los grandes medios de comunicación son la gasolina de las burbujas económicas descontroladas. Al menos seamos conscientes de lo que nos dicen. 











2 comentarios:

  1. Tus reflexiones pueden ser más o menos acertadas en relación a África en su conjunto, no obstante, en mi opinión, Angola ha sabido situarse de tú a tú ante potencias mundiales como China. Tal vez, exagero un tanto en cuanto a lo de "tú a tú" pero creo firmemente que hay una relación "win-win" entre Angola y China que dista mucho de las relaciones existentes entre China y otros países en desarrollo o entre la de Portugal y Angola hace menos de 4 décadas.

    Un saludo y te felicito por tu blog.

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  2. Perdona JRGM, pero no pude contestar a tu comentario hasta ahora. Entiendo lo que dices acerca de la relación Angola-China, y me parece cierto que se ha conseguido crear un escenario en el que los dos países ganan. Trataba más bien de alertar de lo efímero que puede ser este escenario, puesto que la competitividad de otros países en cuanto al petróleo es alta (imaginemos por ejemplo la liberalización del sector de un país como Venezuela, ahora que Hugo Chávez murió y Capriles parece tener una buena oportunidad). Por ello, intentaba avisar de la necesidad de invertir el dinero que está llegando a Angola en infraestructuras básicas para sus ciudadanos, y por otro lado, de que si un día China o cualquier potencia económica mundial está aquí, mañana puede ocurrir que se traslade a otro país que ofrezca mejores dividendos. Sé que es algo obvio, pero los medios de comunicación y la publicidad tratan, en muchas ocasiones, de hacernos pensar que sí que existe un compromiso con un pueblo determinado.

    Muchas gracias por la felicitación y espero que sigas apareciendo por este blog.

    ¡Un saludo!

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