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martes, 31 de diciembre de 2013

El armario

Como cada año, el armario, ya polvoriento, era un auténtico desperfecto. Lo que empezó siendo un magnífico espacio,  vacío, virgen, ahora albergaba cientos de cajones desordenados, de donde salían olores, personas, libros, canciones, noches, días, besos, mar, montañas.  Aunque todo parecía un poco rancio. Ya no cabía nada más.Todos miraban hacia el mueble con reprobación. Una vez fueron de ilusión, optimistas.

Ahora dirigían sus esperanzas  hacia un nuevo armario,  que habían traído esa misma semana. Estaba limpio, lustroso. Cuando se abrió, un espacio enorme recibió a los curiosos. Todos, atónitos, dieron un grito de asombro. Dieron la espalda a lo que fue para centrarse en lo que será.

Hoy, el día en el que es un tópico decir que no queremos caer en tópicos, todo se vuelve redundante. Hacemos repaso de lo vivido, de lo que nos pasó, de las noticias más importantes, de todo lo que ya ha pasado por nuestros huesos, mente y corazón, de los amores perdidos y ganados. Y solemos ser críticos con lo que se va y optimistas con lo que llega. El hombre vive en una continua espera, y los más felices son los que hacen más y piensan menos. Al final, lo que nos diferencia del resto de los animales puede llegar a hacernos más vulnerables.

En 2013 pasaron más cosas que cambios hubo. La crisis no se fue, y la revolución de ideas tampoco llegó. Volvimos a leyes de siglos pasados. Los exiliados seguimos en el exilio y España parece cada vez más distante, a pesar de que extrañamente se eche más de menos. Por quitarnos, nos quitaron hasta la calle. Si apenas protestábamos, poco  parece que lo podremos hacer en 2014. Perdimos hasta el control de nuestros úteros, y seguimos contando con los dedos de varias manos los amigos que perdieron su trabajo. Hoy, que se tiene que ser optimista porque sí, no parece propicio para hacer balances. Me contaban el otro día que el africano,  dentro de su miseria, es optimista, y piensa que lo mejor está por llegar. A pesar de que nunca llega. Pero cae en la misma piedra cada final de año. ¿No les suena?.

Todo huele cada vez más a madera podrida. El viejo armario se tiene que cerrar. El talento desperdiciado de tantas personas, sus sueños y sus vidas aspiradas se quedan fuera. No hay sitio para ellos, dicen algunos hombres sentados encima del armario, en un lugar tan alto que apenas escuchan nuestras quejas. Abrimos el nuevo armario.

Y hay algunos que ya no queremos ser optimistas porque sí.



El optimismo irracional es otra forma de pesimismo


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