Abro el grifo y no sale agua. A mi alrededor todo es imprevisible. Una noche puede faltar luz, otra agua como ocurre hoy. Mides el valor real de lo que tienes hasta que lo pierdes, se suele argumentar. Ahora lo siento. Pero no hay desesperación. Siempre hay recursos. Hay un sistema para todos lo imprevisible. Es lo bueno de vivir en una sociedad no suficientemente organizada: a lo largo de los años se han ido dando respuestas a los problemas más inverosímiles. E l agua tenía fácil solución. Un camión cisterna rellena el tanque y el grifo vuelve a tener uso.
El pueblo en Angola vive respondiendo a lo que le ocurre. No se pregunta por qué está ocurriendo. Ante los problemas, los tratan de solventar de forma inmediata. No se pregunta cómo podría mejorarse lo que ven. Tira hacia adelante. Si una calle no está asfaltada, se busca otro camino. Si hay cortes de luz, se compran linternas o velas. En el caso de que falte agua, se almacenan grandes recipientes en las despensas de los hogares. Pero no reclama formalmente a las autoridades que eso cambie. Se vive en la complacencia.
Parece lejano, pero no lo es. Abrimos el grifo y aparecen sobres. La complacencia ante los bienes más inmediatos la dejamos atrás. Pero la complacencia frente a los que nos roban la seguimos teniendo. Angola es un país donde la corrupción es un hecho. Se puede ver en las calles. Está aceptada. Los policías pueden pedir dinero para no multar, los funcionarios de la administración lo hacen para agilizar los trámites. Los enchufes marcan el ritmo de los procesos de trabajo.
¿Pero podemos nosotros desde el mundo ocidental, y más concretamente, desde España?
El día que sabemos que al menos durante 18 años, el partido que ahora está en el gobierno, con varios de las personas que en este momento deciden acerca de nuestros derechos fundamentales, como son la sanidad, vivienda o educación. Hoy al menos no se pueden dar lecciones. Solo queda unirse con la palabra y compartir sentimentos. Infundir indignación entre los que debemos tener el derecho a decidir. Levantarnos la voz los unos a los otros.
Los problemas son globales. La respuesta también debe serla.

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